domingo, 26 de octubre de 2008

Sunday

Es domingo y estoy en un locutorio. Supongo que nadie disfruta realmente estar acá. A mis espaldas un tipo arregla una cita en la estación de tren y, de paso, lee lo que escribo en el MSN. Le hago un favor y me dedico a mi blog, le doy permiso para que sepa todo lo que me pasa. La semana pasada tod fue una calesita en hora pico: demasiado trabajo, demasiadas emociones, todo en demasiado. Hasta puedo decir que comí demasiado helado, miré demasiadas películas malas, escribí demasiados poemas espantosos e hice demasiadas llamadas que después me arrepentí de hacer. Hay semanas así, en las que me vuelvo barroca, siento pánico al vacío como si una pudiera evitarlo.
Lo gracioso es que en estos momentos, me voy de polo a polo, de la compulsión laboral a la nada, al disfrute de ver una mosca tratando de salir sin darse cuenta de que está chocando contra el vidrio. Una y otra y otra y otra vez. E incluso aunque la ventana está abierta, la pobre mosca insiste.
De última hay algo placentero de estar en el locutorio, es como un NOlugar, un espacio de tránsito ¿hacia dónde? por lo menos hacia un lugar que no sea ese mismito en donde no quiero estar.

Uno debería poder ser más selectivo los domingos. Hacer como que no ve lo obvio, como cuando no encuentra las llaves que están arriba de la mesa. Como que no existen los objetos que a una le remiten, como que una silla sea una silla, una ventana una ventana, una cama una cama. Y punto.

Hace unos días recibí un mensajito que me puso muy contenta. De la nada, un amigo que me escuhó leer el jueves, dijo que le había gustado. Y fue tan simple y me puso tan contenta. Yo el viernes había tenido un día espantoso. No como hoy porque lo de hoy es melancopatético. El viernes fue espantoso por estresante entre la obra, los obreros, el arquitecto, la municipalidad, dos de mis vecinas, mi vieja, lso dos abogados y yo.

A vces es tan simple. Así como un SMS. Lo que más detesto es tener que darle la razón a una compañía itnernacional de telefonía celular...

2 comentarios:

Ariel Dufey Ramos dijo...

Por me disparaba recuerdos de la literatura de Cortàzar. ¡Qué nivel! El tema de la mosca que choco con el vidrio facilita la asociación, pero lo de no ver lo obvio, lo de no ver las llaves sobre la mesa también me despertó asociaciones con Cortázar. Quizás me recuerda al cronopio que no encuentra sus llaves.
Saludos.

Anónimo dijo...

gracias Ari!!!!!!!!
qué linda tu visita!
Besossssssssssssssssssss


Ji